martes, 11 de junio de 2013

La PORTADA RENACENTISTA de la iglesia de la Asunción.


     Hoy, y durante las próximas semanas,  vamos a desgranar uno de los más grandes tesoros arquitectónicos  que posee el pueblo de Beteta, y en concreto la iglesia parroquial de Nª Sª de la Asunción, sede canónica de nuestra Hermandad. Se trata de la portada renacentista ubicada en la puerta principal sur del templo. La portada consta de dos cuerpos y frontón retranqueados del paramento principal y está  cubierta por una bóveda escarzana decorada con casetones moldurados.

      
     Del autor de la portada nada se sabe, por el momento. Lamentablemente el libro de Fábrica de la iglesia no ha llegado hasta nuestros días, a causa de la pérdida del archivo parroquial  durante las guerras del los siglos XIX y XX.

     Si bien  Mª Luz Rokiski (Arquitectura del s. XVI en Cuenca) da palos de ciego diciendo que hay influencias de Rodrigo Gil de Hontañón, unos de los más grandes arquitectos del siglo XVI, no es ni menos justo citar a otros maestros como Juan de Arama, Pedro de Ayala o Pedro Martínez de Castañedo entre otros. Lo que sí queda patente es que el esquema de la portada contiene elementos clasicistas extraídos del Tratado de Vitrubio, De Architectura, libro de referencia de los arquitectos renacentistas.

     En la escasa literatura que hay sobre la iglesia de Beteta, es frecuente que se catalogue ligeramente como “de estilo plateresco” esta portada. Sin entrar a debate si el Plateresco es o no un subestilo reminiscencia del Gótico, o una versión autóctona de corrientes renacentistas, la portada de Beteta es un claro ejemplo del arte renacentista en la provincia de Cuenca.

     En esta monumental portada podemos ver algunos de los elementos constructivos más característicos del estilo renacentista. Dentro de los elementos estructurales podemos destacar el arco de medio punto, columnas,  entablamentos, cubierta con casetones. Todos ellos habían sido usados en la Edad Antigua, especialmente por el arte romano, y se recuperan en estos siglos, modificándolos. Paulatinamente decae el tradicional método de construcción del Gótico y predominan ahora valores como la simetría, la claridad estructural, la sencillez, y sobre todo, la adaptación del espacio a la medida del hombre, fieles a las corrientes filosóficas de la época, el Humanisno y el predomino del antropocentrismo. 

     Respecto a los elementos decorativos caben destacar: las pilastras, el frontón, motivos heráldicos, volutas, guirnaldas, motivos a candelieri (candelabros o flameros) y tondos o medallones. Algunos de éstos ya se habían utilizado en el Gótico, otros son creaciones originales y la mayoría se inspiran en modelos romanos y griegos.

     La portada consta de dos cuerpos y un frontón, otra de las características de las composiciones renacentistas (en el plateresco predominan las portadas de tres o más cuerpos, tipo retablo o tapiz).

    

El primer cuerpo:

     El vano de entrada a la iglesia -cerrado por un portón de doble hoja de madera chapada con herrajes- se enmarca  bajo un arco triunfal de medio punto, con clave resaltada y decorada con un motivo vegetal, una hoja de acanto. El conjunto se encuentra enmarcado por pilastras adosadas y una columna sobre pedestal cajeado dispuesta a cada lado de fuste estriado, y capiteles de orden compuesto con contrapilastras del mismo orden que sustentan un escultórico entablamento.

     En las enjutas del arco podemos ver dos medallones que contienen los bustos de los Apóstoles Pedro y Pablo. Aunque no es segura la tradición que señalaba que Pedro y Pablo compartieron la misma prisión, sí se sabe que ambos murieron mártires en Roma prácticamente para la misma época (hacia el año 67). La Iglesia los ha venerado siempre juntos y les dedica una única Solemnidad el 29 de junio, que ya figura en los más antiguos calendarios romanos, de mediados del siglo IV. Esta fecha puede tener su origen en la traslación de los restos de ambos apóstoles a un mismo lugar de culto, en la Vía Appia, hacia el año 254, antes de que cada apóstol tuviera su propio templo (primero Pablo en la Vía Ostiense y luego Pedro en la Colina Vaticana). San Pablo es representado por el instrumento de su martirio, la espada, ya que fue decapitado - al ser ciudadano romano-  y no crucificado, San Pedro es representado portando una de las llaves celestiales ( el Señor le otorga las llaves del Reino de los Cielos y la potestad de "atar y desatar" Mt 16, 18-19).



     Sobre las columnas se sitúa el entablamento que se divide en: el arquitrabe, el friso y la cornisa. El arquitrabe se compone en tres platabandas, y sobre él se encuentra un bello friso. Este está decorado en la parte central con una serie de seis putti o amorcillos (motivos ornamentales consistentes en figuras de niños, frecuentemente desnudos y alados), tres a cada lado portando los atributos de la Pasión de Cristo: el martillo utilizado para conducir los clavos en las manos y pies de Jesús;  la escalera utilizada para recoger el cuerpo de Jesús de la cruz para su entierro; las tenazas para arrancar los clavos; la Santa Esponja sobre una caña, con la que junto a la hiel y el vinagre, se ofrecieron a Jesús; el pilar o columna donde Jesús fue azotado en la Flagelación; el látigo de tres flagelos usado para los 39 latigazos. 




     La parte del friso que se sitúa sobre los capiteles del cuerpo inferior, está decorada con guirnaldas de putti o amorcillos. En el ángulo interno del extremo izquerdo, en esa guirnalda, el putti que debería sostenerla es sustituido por un simioSobre el friso podemos apreciar cómo se sitúa una cornisa dentada. 

     
     

     




     El mono o simio, denominado simia por su similitud con la razón humana. Louis Réau (Iconografía del arte cristiano) señala que el mono es la figura del diablo. El mono es famoso por su gusto por la imitación y esto sirvió para considerarlo símbolo demoníaco. El Diablo trata de imitar las cosas de Dios, por eso es `Simia Dei', es decir, “mono de Dios” según Hugo de San Víctor. El Bestiario Toscano dice que la mona "quiere hacer todo lo que ve hacer". La compara con todos aquellos que pecan por su voluntad, pues imitan al Diablo "que fue el primero que pecó". Además, es una personificación de la idolatría, también se relaciona con los pecados de la lujuria y de la vanidad, simboliza los bajos instintos, la sensualidad y los vicios en general.

     En el centro del segundo cuerpo se encuentra una hornacina que preside la portada y es el centro del retablo de piedra que se contempla. Con forma de concha avenerada ésta contiene la talla en piedra de Ntra. Sra. de la Asunción, advocación mariana titular del templo parroquial. La hornacina está flanqueada, por dos columnas con el fuste estriado, y capiteles corintios.


     Situados simétricamente a ambos lados de la hornacina se pueden ver adornos motivos vegetal, con hojas rizadas que conforman una especie de aletón.

En los extremos laterales del segundo cuerpo se sitúan sendos flameros o candelabros (o deberían situarse, ya que uno falta por reponer) justo encima de columnas del primer cuerpo.  El flamero es un tipo de pináculo decorativo  que tiene forma de antorcha o copa, de cuya parte superior surge una llama o fuego. Esta modalidad de pináculo decorativo viene a sustituir a las estilizadas agujas góticas, y representa una aportación de la estética ornamental del renacimiento. Los flameros están colocados sobre sendos basamentos en cuyas caras aparecen centradas calaveras. La calavera durante el medievo representaba la muerte, como algo que siempre debía estar presente en la conciencia humana. El símbolo de calavera en relación con la muerte de Cristo en el Calvario significa también el nacimiento de un hombre nuevo, es el símbolo del triunfo de la cruz sobre el pecado y la muerte y una clara alusión a la resurrección de Cristo. Lo encontramos como elemento decorativo que aparece frecuentemente en las tumbas o en las composiciones de las vanitas para recordar al hombre la brevedad de la vida y la inanidad de lo humano.

     En ambos flancos, en la parte superior se encuentran dos tenantes, con forma de niño o amorcillo, que sostienen los blasones de los Carrillo (un castillo donjonado) y Carrillo de Albornoz ( escudo partido, el primero una banda que es Albonoz, en el segundo las armas de los Carrillo descritas anteriormente), sobre quienes recae la Casa de Albornoz, señores de la villa de Beteta y promotores de la construcción del templo.


     Por último, los dos cuerpos se coronan con un frontón. Entre las dos cornisas inclinadas destaca el tímpano en cuyo interior puede verse labrada en piedra la efigie del Padre Eterno que con su mano derecha bendice mientras sujeta la esfera del mundo con la izquierda. Tras los vértices de la cornisa con la base horizontal arrancan dos flameros.



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