HISTORIA

PROTECTORA DE BETETA

Beteta es una localidad serrana situada al noreste de la provincia de Cuenca y a 80 km de la capital. Esta villa, centro neurálgico de la Alta Serranía conquense, posee una gran riqueza histórica, natural y cultural que la convierten en referencia de la comarca.

Los bosques, las fértiles vegas y ríos que recorren estos parajes han sido desde la antigüedad fuente de recursos para sus pobladores, que ya desde la temprana Edad del Bronce habitaban la zona. También hay conocimiento de asentamientos celtíberos como los castros de Los Castillejos y del Castillo de los Siete Condes.

Podríamos hablar de la Bheter ibérica o de la Vétera romana sin testimonios arqueológicos claros, pero son solo meras hipótesis que nos marcan el origen de un poblamiento fuerte, importante y crucial. Se sabe que durante la época romana se llevó a cabo la explotación de salinas, así como de minas de hierro (Cueva de Hierro), cobre y plata.

Posteriormente con la dominación musulmana, Beteta perteneció a la jurisdicción de los Banu Razin, señores de Albarracín. El castillo de Rochafría data de esa época, a lo largo de todo este periodo su fortaleza se mantuvo firme y alcanzó importancia por la situación estratégica por su posición, por ser lugar de enlace y frontera entre Cuenca, Albarracín y Molina.

Castillo de Rochafría
 Toda esta zona se encontraba ocupada por los sarracenos hasta mediados del s. XII, la reconquista avanzaba tierras del Tajo abajo y el 25 de octubre de 1166 el rey Alfonso VIII daría al Obispado de Sigüenza  la villa de Beteta, con sus heredades, salinas y villares cercanos. En junio de 1195 la catedral de Sigüenza cambia Beteta por  Santa María de la Hoz al segundo señor de Molina, D. Pedro Manrique de Lara. Así pasó la villa a pertenecer al Señorío de Molina hasta que en 1321 muere María de Molina, esposa y madre de reyes. Los señoríos de Molina y Beteta se incorporan a las posesiones de la Corona de Castilla.

Posteriormente el rey Alfonso XI sería quien separaría definitivamente los señoríos de Molina y de Beteta, al donar la Villa de Beteta a su amante, doña Leonor de Guzmán. Esta lo vendería después a Alvar García de Albornoz, quedando bajo dominio de la Casa de Albornoz.

Tras la muerte de María de Albornoz, señora de Beteta y Torralba, VIII señora de Albornoz, casada con Enrique de Villena con quien no pudo tener descendencia, se origina un conflicto por la herencia de sus posesiones.


Escudo de los Albornoz.
Iglesia de Beteta.
Estas pasan por testamento al condestable don Álvaro de Luna, Gran Maestre de la Orden de Santiago, sin embargo Gómez Carrillo de Albornoz, X señor de Albornoz, las toma por suyas, pasando a sus descendientes.


 Creado el Consejo de la Mesta, como organización ganadera, y siendo la zona de Beteta rica en excelentes pastos, alcanzará importancia a lo largo de estos siglos medievales y modernos por tener una cabaña ganadera numerosa. Por la Cañada Real de Ganados transitaban en el siglo XV y XVI, las cerca de 300.000 cabezas de ganado que daban fuerte peso a la economía de la comarca de Beteta. Se sabe que la lana de Beteta era muy apreciada, exportándose a Italia desde los puertos de Valencia.

Durante los siglos XVII y XVIII no alcanzó gran relevancia la villa, su economía estaba muy vinculada y dependiente del ganado y la corta de maderas. En 1695 enlazan los Albornoz por vía matrimonial con el marquesado de Ariza y Almirante de Aragón, casa a la que perteneció el señorío de Beteta hasta el siglo XIX. Beteta ha sido sobre todo un lugar de campesinos y ganaderos; pero entre sus personajes ilustres podemos destacar a Juan Bautista Martínez del Mazo, yerno de Velázquez del cual fue primer discípulo y sucesor suyo como pintor de cámara.


DEL TIEMPO EN LA NOCHE OSCURA SE PIERDE LA TRADICIÓN…

Cuenta la tradición que hace muchísimos años, siglos, un humilde pastor vecino de Valtablado, llamado Ruperto, regresaba de un viaje por tierras andaluzas tras meses de trashumancia. A la derecha del Camino Real que enlaza la Alcarria con Molina de Aragón y con el sitio llamado “el Rosal” algo entre unos rosales llamó su atención. El pastor, cauto, se acercó al lugar y descubrió al pie de los rosales una hermosa imagen de madera de la Santísima Virgen. Lleno de alegría ante el descubrimiento cogió la imagen y con cuidado la guardó en sus alforjas. De inmediato reanudó la marcha hasta su casa pensando en lo contenta que se iba a poner su mujer cuando viera la talla.


Al llegar a casa no halló la Virgen donde la había dejado. Creyendo que había perdido la imagen por el camino, volvió por sus pasos hasta el Rosal y allí estaba. Ruperto, contrariado ante lo sucedido, cogió de nuevo la imagen, la envolvió en una manta, la metió en las alforjas y la aseguró bien para no perderla. Llegando a Valtablado, el pastor, inquieto, quiso comprobar si su valioso hallazgo había desaparecido realmente la primera vez y que no había sido un descuido de él. Al desliar la manta se encontró con que la imagen no estaba. Corriendo volvió al Rosal y absorto comprobó que allí estaba la talla entre el perfume de las rosas.

Creyendo entonces que se trataba de algo extraordinario, puso el hecho en conocimiento de las autoridades de la villa de Beteta. Los regidores y el clero se personaron en el lugar del suceso, cogieron la imagen y la trasladaron a la iglesia parroquial. Al día siguiente la sorpresa fue mayúscula cuando fueron al templo y advirtieron que la imagen había desaparecido para ir en busca de su rosal.

En vista de lo ocurrido, se acordó por unanimidad erigir una ermita en dicho sitio, creyendo que de esta manera quedarían cumplidos los deseos de la Santísima Virgen, que desde entonces tomó el sobrenombre de VIRGEN DE LA ROSA. Hoy, ese lugar donde María apareció es objeto de veneración y de peregrinación por miles de hombres y mujeres que van en busca de Dios y pidiendo la ayuda de la Virgen de la Rosa.

EN LAS MIL CALAMIDADES QUE AZOTARON A ESTA VILLA...


Ya en 1863 don León Segovia, cura párroco de Beteta, creador de la Novena a Ntra. Sra. De la Rosa dice en el novenario: “ con las guerras, saqueos e incendios que ha sufrido este pueblo, no existen archivos de los que hubiera podido tomar alguna verdad histórica que sinduda alguna las habría consignadas y muy notables para escitar tu devoción”.

Es en el siglo XIX cuando Beteta vuelve a ocupar páginas de la historia con la I Guerra Carlista al estar muy bien situada estratégicamente dentro de una zona orográficamente importante. El general carlista  Ramon Cabrera, en agosto de 1839, considera como una posición topográfica importante la villa y su fortificación defensiva. Así, enviará al general Palacios al mando de 500 hombres para reforzar la fortificación de Rochafría. Durante todo el año siguiente, al mando del teniente de ingenieros D. Manuel Brusco, se ocuparon en fortificar el pueblo y mejorar la fortaleza cerca de 2000 paisanos y 800 caballerías. Y ante las murallas restauradas de la fortaleza las tropas de Cabrera derrotaron a tres batallones de la Reina.

Cuentan que enfermó Cabrera y en la iglesia parroquial de Beteta se cantó un solemne Te Deum: cuando el general recobró la salud, todo el pueblo de Beteta hizo sinceras demostraciones de su interés por la vida del líder carlista.

Marcha carlista sobre tropas liberales. Al fondo fortificación.
La marcha acelerada de Palacios y Brusco hacia el interior de Castilla dejaron desguarnecida la fortaleza, siendo tomada el 15 de junio de 1840 por las tropas isabelinas. Cuando pasaron la población y el castillo a poder de las fuerzas constitucionales y la fortaleza de Rochafría fue arrasada bárbaramente, pero aún resistieron algunos bastiones del coloso.


Durante 1872, año en el que estalló la III Guerra Carlista, fueron varias las veces que los carlistas merodearon por los límites de la provincia de Cuenca, volviendo a ser Beteta un enclave estratégico importante. D. Isidoro del Castillo,  Comandante general de Cuenca arengaba  a los hombres de la provincia con frases como estas:¡Conquenses: ha sonado la hora!¡está dada la señal del combate! ¡A las armas los descendientes de defensores de Cañete, Beteta y otros fuertes, al pié de cuyos muros se estrelló la pujanza del ejército usurpador!¡A las armas todos, voluntarios carlistas!¡Guerra y guerra sin tregua al liberalismo!

En el año 1873 fueron numerosas las expediciones carlistas por la zona de Beteta, por tropas de Santés y Villalaín. Partidas como las del cabecilla Pechuán atemorizaron la zona, fustigando a los vecinos con numerosas apropiaciones de alimentos, ganado y caballerías. Contra estas excusiones no faltaban columnas de guardias civiles y cazadores de Béjar que hacían retroceder a los carlistas hasta Guadalajara.

En agosto de 1874,  el general Ángel Casimiro Villalaín comandante de las tropas carlistas de Cuenca y Guadalajara, se hace fuerte en Beteta, su intención era fortificar la villa y el antiguo castillo, con el objeto de edificar allí un centro de operaciones. Por ello las tropas liberales deciden atacar Beteta, al mando del coronel Felipe Moltó, el 24 de agosto de 1874 salió una brigada hacia la villa, a la vista del contrario y de Beteta desplegó entonces sus fuerzas, tomando posiciones. Respecto a los acontecimientos posteriores, manifestaba Moltó al Ministro de Guerra, en telegrama desde Cañamares:
General carlista Ángel Casimiro Villalaín.

“No era sólo Víllalaín el que allí se encontraba; había fuerzas que no bajarían de 5 á 6,000 hombres, extendidas en formidables posiciones y apoyadas por su derecha en el castillo y pueblo, que está cercado de murallas antiguas, en las cuales se veía bastante gente. Vista la imposibilidad de atacar á Beteta, porque hubiera sido una temeridad hacerlo sin artillería, aunque sólo hubiese estado defendida por Villalaín, mandé á la vanguardia que se detuviese en la vega, dentro del tiro de fusil del enemigo, y presenté mis tropas en orden de batalla desafiando al combate á los carlistas - que ni aun rompieron el fuego- Después de anochecido replegué mi columna en las alturas que hay frente a la villa, y, entre nueve y diez, la puse en marcha para Cañizares”
           
   En realidad no había más carlistas que los de Villalaín (2000 hombres y 200 caballos) sin embargo el astuto general presentó su facción como muy numerosa, propagando noticias falsas y haciendo que muchos vecinos estuviesen en la muralla a la vista de las tropas para aparentar más combatientes.
    
          De este modo transcurrió la primera decena del mes de Septiembre en cuyo tiempo, se ocupaba Villalaín en convertir a Beteta en ciudadela del carlismo de Cuenca y en aumentar el número de las comandancias de armas. A mediados de septiembre Villalaín recupera unos planes de llegar a Castilla la Vieja, cruzando por Zaragoza, aprovechando que en la línea férrea donde había poca fuerza que la guardase. Se encaminó al efecto hacia el norte; mas le salió al encuentro García Reina, derrotando a las tropas carlistas y dispersándolas, replegándose de nuevo en Beteta.

             Más tarde, para mediados de octubre, el general Salazar preparó un movimiento sobre Beteta. Para llevar a cabo la operación, la brigada de Gamarra saldría con el General de Cuenca dando un rodeo. Sin embargo no hubo necesidad de ello puesto que los carlistas habían huido ya de la villa. El 17 de octubre el general Salazar entraba en Beteta sin hallar ninguna resistencia; pues al amanecer del mismo día la evacuó también el titulado gobernador militar carlista con los 15 ó 20 hombres que componían la guarnición del castillo. Las fortificaciones hechas por los carlistas en Beteta eran bastante fuertes, y aumentaba su importancia el natural emplazamiento de la villa. Dos días emplearon en demolerlas los soldados y 400 braceros que llegaron con útiles de los pueblos inmediatos, convocados por el general Salazar.




Bibliografía: 

Cuerpo de Estado Mayor: "Atlas topográfico de la Narración militar de la guerra carlista de 1869 á 1876".
Madrid: Ed. Depósito de la guerra.1889


Romero Sáiz, M.:" Pueblos y paisajes"
Cuenca: Ed. Prodese.1999

Solano Oropesa, C.; Solano Herranz, J.C.: "Beteta, Alma de la sierra. 2000 años de Historia".
Cuenca: Ed. Diputacion Provincial de Cuenca. 2008.

Suárez Gimeno, J.J.; " Bosquejo histórico de la villa de Beteta".
Teruel: Ed.Autor-Editor27. 1991.